Está
agotada la polémica acerca de si la gestión de Martínez
de Hoz estuvo al servicio de los "objetivos del Proceso" o
si éste fue el instrumento que instauró el modelo neoliberal
en la Argentina.
En
realidad se trató de un matrimonio de conveniencia. El
sometimiento y el disciplinamiento social que perseguían
quienes violaron la Constitución tuvo en los "principios
de mercado" que pregonaba el equipo económico un instrumento
ideal.
A
su vez, solamente mediante una sangrienta dictadura podían
ponerse en práctica en la Argentina los preceptos de la ortodoxia
monetarista y las brutales transformaciones estructurales que ello implicaba.
No es casual entonces que entre las víctimas de la dictadura
hayan sido muy numerosos los trabajadores y las pequeñas y medianas
empresas nacionales.
El
Proceso se inicia con un recorte del 40% en los salarios reales que
luego se profundiza. A partir de ese punto, junto al resto de las instituciones
fueron permanentemente vulneradas las normas que protegían los
derechos de los trabajadores. Por su parte, infinidad de empresas
pymes debieron cerrar sus puertas ante la avalancha de productos
importados favorecida por la trágicamente recordada "tablita
cambiaria", la reducción de aranceles y la pérdida
de acceso al crédito.
La
Argentina, por suerte, ha cambiado sus paradigmas económicos.
Después de la gran crisis 1998/2001, se ha vuelto a poner
el eje en los sectores internos productores de bienes y servicios.
Los ritmos de crecimiento son espectaculares y se advierten progresos
notables tanto en las exportaciones como la inversión, sin olvidar
las cuentas públicas superavitarias.
Pero
nuestro PIB por habitante es todavía similar al de 1975.
Al día de hoy muchos de los problemas heredados de la dictadura
y perfeccionados durante los 90 siguen sin resolverse. El sector financiero
privado, al cual continúan sin poder acudir las pymes, se continúa
rigiendo por la ley de 1977 y ajeno a tomar cualquier vínculo
con la actividad productiva que realizan las empresas nacionales. Las
disparidades sociales en materia de ingresos subsiste y la carga de
la deuda externa sigue condicionando el futuro de los argentinos. Por
eso luchamos para lograr que el paradigma productivista haya llegado
para quedarse.
(*) Presidente de la Confederación
Argentina de la Mediana Empresa (CAME)
Publicado en Clarín
en la sección Opinión el sábado 25 de marzo de
2006