El
Centro de Teletrabajo y Teleformación de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) comenzó luego
de la crisis de 2001 dando seminarios para que estudiantes y profesores
no se fueran del país y consiguieran trabajos a distancia. Hoy
está más enfocado a brindar asesoramiento a empresas para
desarrollar nuevas herramientas que no afecten las condiciones laborales.
"Esta
es una nueva forma de trabajo, con aspectos positivos y negativos",
dice Sonia Boiarov, directora del Centro. "Todos los actores deben
salir beneficiados: el teletrabajador, la empresa y la sociedad. Hay
lugares en donde se implementa el trabajo remoto para evitar la polución
del tránsito. En otros, para alivianar el estrés laboral
que hay en las oficinas. Muchos lo asocian con la precarización
laboral o con un emergente del neoliberalismo. Pero hay otros aspectos
que revalorizar: es una forma de trabajo que implica un cambio civilizatorio,
es una consecuencia del desarrollo científico tecnológico
y no va a volver atrás. La sociedad industrial no puede satisfacer
todas las demandas de trabajo de las personas. Está surgiendo
una nueva sociedad, la del conocimiento, y van a convivir ambas formas."
Algunas
de las empresas que han puesto en marcha proyectos de teletrabajo en
los últimos tres años son Fargo, que puso vendedores a
recibir pedidos en áreas alejadas de su planta; el laboratorio
Pfizer, y empresas de servicios públicos, como Aguas Bonaerenses,
que realizó un proyecto piloto de teletrabajo para que los empleados
del call center pudieran atender los reclamos de los usuarios desde
sus casas.
"Entre
las ventajas, permite la incorporación de personas con discapacidad
al mercado laboral. También es muy bueno para las pymes, porque
pueden juntarse entre varias y ahorrar costos de infraestructura",
dice Boiarov. Aunque afirma, tajante: "Esto es trabajo, no es trabajo
más barato. No disminuye el sueldo, sino el gasto que hace la
empresa alrededor de ese puesto de trabajo, como alquiler de oficinas,
seguridad, servicios, etc. Es muy importante que haya un contrato y
que se especifiquen los objetivos del trabajo. La empresa no puede exigirle
más a un teletrabajador que a un trabajador presencial."
Gisel
Saia es gerenta de Relaciones Laborales, Diversidad y Comunicaciones
de recursos humanos de IBM. "Me ocupo de las políticas laborales
inclusivas, de la coordinación vida privada-trabajo", explica.
¿Es más barato para una empresa un trabajador remoto?
"Si se tiene una plantilla ciento por ciento trabajando como homeworker
se ahorran costos laborales, porque en este momento, por el desarrollo
de la tecnología, es más barato una conexión que
alquilar una oficina en el centro", cuenta. "Pero en IBM no
tiene que ver con reducción de costos, sino con una política
mundial para una mejor integración vida-trabajo."
De
los 7000 empleados que tiene IBM en la Argentina, alrededor de 200 profesionales
trabajan full desde la casa, a los que se les brindan las facilidades
de infraestructura (computadora, conexión a Internet, un interno
como si estuvieran dentro de la oficina, etc.) y el mismo contrato laboral
que los demás.
"La
gran mayoría usa la flexibilidad laboral para trabajar uno, dos
o más días desde afuera. Depende de cada caso y de cada
gerente." Saia advierte que el teletrabajo presenta desafíos
adicionales: "Es un aprendizaje, para el jefe y para el empleado.
Hay que aprender a gerenciar empleados remotos, no se les ve la cara,
no se sabe cómo están. El contacto personal siempre suma".
Desde
el punto de vista de los empleados hay que saber organizarse en un ambiente
que no es el típico laboral, fijar límites a la vida doméstica,
poder cumplir con los objetivos propuestos. "La tecnología
irrumpe en nuestra vida, nos invade y hace que ocurran cambios profundos",
culmina.
Fuente:
La Nación