En julio, la industria manufacturera pyme tuvo una baja interanual del 3,9% en su nivel de actividad. Sin embargo, en la comparación mensual desestacionalizada marcó una suba del 0,6%, mostrando un leve repunte respecto al mes anterior.

Casi todos los sectores terminaron en terreno negativo. Madera y muebles fue la única rama que logró un avance interanual (+1,5%), mientras que Papel e impresiones no tuvo variaciones respecto al año anterior (0%). La contracción más profunda la anotó Químicos y plásticos (-16,1%), escoltada por Metal, maquinaria y equipo, y material de transporte (-3,9%), Textiles e indumentaria (-1,7%) y Alimentos y bebidas (-0,7%).

El uso de la capacidad instalada en las pymes fabriles promedió el 54,3%. En el desglose por rubros, los niveles más altos de trabajo en planta se vieron en Papel e impresiones (58,8%), Alimentos y bebidas (57,4%) y Madera y muebles (56,4%). En el otro extremo, las fábricas con mayor margen ocioso fueron las de Metal, maquinaria y equipo, y material de transporte, que operaron al 50,7% de su potencial, seguidas por Químicos y plásticos (52,9%) y Textil e indumentaria (54,9%).

En el día a día de las fábricas, las subas en las boletas de luz y gas, el transporte y las materias primas presionaron fuerte sobre los costos, con un mercado que no convalidó traslados a los precios de venta. Ante el achique de los márgenes, los talleres y plantas adaptaron su rutina reduciendo turnos de fraccionamiento, evitando acumular stock parado y volcándose a servicios de reparación para mantener el movimiento básico. En la parte comercial, las empresas buscaron cuidar la caja ofreciendo rebajas por pago en efectivo, planes de cuotas con tarjeta y venta por bulto cerrado, atendiendo a una demanda cautelosa que solo repuso lo indispensable para el corto plazo.

La caída interanual en la producción fabril pyme, acompañada por una leve mejora mensual, estuvo marcada por el bajo poder de compra de las familias y la falta de efectivo en la calle. Este escenario limitó el impacto positivo que habitualmente generan las vacaciones de invierno y las fechas comerciales. Al mismo tiempo, el freno en la obra pública y la falta de proyectos en grandes industrias frenaron los pedidos pesados en la metalmecánica, mientras que la competencia de productos importados impactó de lleno en los rubros textil y plástico. La única excepción fue la rama de Madera y muebles, que logró sostenerse gracias a trabajos chicos de refacción y mantenimiento del hogar, desmarcándose del menor ritmo visto en el consumo masivo y los insumos industriales.

Al mirar hacia el próximo año, casi la mitad de los talleres y fábricas (48,9%) confía en que podrá aumentar sus niveles de producción, frente a un 11,4% que prevé un menor ritmo de trabajo. En la comparación con el año anterior, la mitad de las firmas (49,5%) señaló que su actividad se mantuvo estable, aunque un 40,2% manifestó un deterioro en la situación de su empresa. Por el lado de las inversiones sigue primando la prudencia: el 52,9% de los directivos considera que no es un momento propicio para comprar máquinas o encarar mejoras, mientras que un 22,6% sí proyecta realizar desembolsos.

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